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He vivido con ansiedad desde que tengo memoria. Comenzó de niña, con una preocupación excesiva, y más tarde se manifestó en tendencias obsesivas/compulsivas y trastorno de pánico. Encontré un apoyo y un alivio increíbles en diferentes fuentes esenciales, como terapia, medicación y trabajo somático y expresivo. Sin embargo, no fue hasta que emprendí un camino espiritual que mi relación con la ansiedad cambió: de sentirme completamente dominada por ella a vivirla como una de mis maestras.
Lo que descubrí en este camino es que mi ansiedad, en parte, se debe a mi propia resistencia a ciertas verdades espirituales, una de ellas la ley de la impermanencia: que las cosas cambian y terminan. Aprender a vivir con mi ansiedad desde esta perspectiva me ofreció la tarea espiritual de afrontar las exigencias de mi pequeño ego, sentir la ira y el dolor de que la vida y la muerte no serían mi camino, y cultivar una nueva relación con la vida tal como es.
Para mí, la espiritualidad es como un videojuego. En cada nivel, nos enfrentamos a ciertos desafíos. A medida que los superamos, avanzamos a otros niveles donde los desafíos pueden volverse más difíciles. Pero con cada nivel, obtenemos más herramientas y recursos que nos empoderan para enfrentar los obstáculos de maneras nuevas y más efectivas. Con esto en mente, afronto los desafíos de la ansiedad de manera diferente gracias a las herramientas y recursos espirituales que he cultivado. En momentos de malestar, ahora puedo detenerme, respirar, encontrar apoyo en la tierra y preguntarme: ¿A qué me estoy resistiendo? ¿Dónde estoy luchando con los ángeles? ¿Cuál es la tarea espiritual aquí?